La Verdad

Hace tiempo que lo sé y he decidido dejarlo como parte de mi legado, para todos aquellos que creyeron y confiaron en mí. Esta es la Verdad: existe un mundo, allá afuera, después de nuestra partida.

Algunos han vuelto y, a pesar de que son pocos los que contaron lo que vieron, todos ellos conocen su existencia. La mayoría dice que no recuerdan nada durante el lapso que estuvo del otro lado, afuera. Otros, simplemente, callan y argumentan que es una experiencia que sólo se puede entender viviéndola. Los menos expresan que fue un momento traumático y no soportan la idea de hablar de ello. Muchos inventan escenas de lo sucedido, generando en la conciencia colectiva falsos pensamientos, raras ideas y extrañas fantasías.

Solo unos pocos se atreven a dar a conocer la realidad de los hechos: que hay otra vida más allá del límite de la nuestra. He investigado todos los relatos conocidos acerca de ella, buscando en narraciones, historias mitos y leyendas. Nada alcanzó para llenar el vació que hay en mí.

He dedicado mucho tiempo en armar, pieza por pieza, el conjunto casi total de este rompecabezas. Al final, yo mismo he reproducido algunas experiencias, muy burdas, que han servido cual maquetas, para representar y entender, en parte, el principio del largo camino hacia el más allá, de lo que nos espera. Tanto es así que puedo decirles a ustedes lo que verán y sentirán al llegar el momento.

Primero, el temor, para acostumbrarse luego a la Verdad, para finalmente aceptarla tal cual es. Inmediatamente, se siente uno como flotar en el espacio, un espacio distinto. Luego, el túnel, como si la visión se distorsionara. Al final, la luz y los seres con los que hemos compartido otras épocas. Muchas veces, el llamado del ser Superior a quien, quizá, podamos llegar a ver.

¿Qué más hay después? No os lo puedo decir. Nadie lo sabe. Los que han vuelto han visto, únicamente, el comienzo, nada más. Y yo, nada más sé. El resto, conjeturas. Sin embargo, esta es la Verdad: hay otro mundo, otro comienzo, otra tarea.

Cerca está el día en que me toque a mí. He superado el miedo, el conocimiento nos despoja de él. Hoy lo he visto, he conocido la Verdad, el Pescador me ha llamado y, al salir de nuestra líquida atmósfera, mi alma de Pez pudo ver la luz, intensa como ninguna, y el túnel. La visión de mis ojos se deformó por no estar creados para aquel medio. Al otro extremo del túnel contemplé al Ser Supremo en toda su magnitud.

No nos vemos exactamente como él, tan sólo fuimos hechos a su imagen. No somos una copia literal de su estructura corpórea, sino nada más similares a ella.

Él me ha contemplado y, tras dejarme ver por última vez a mis compañeros de viaje que quedaron atrapados en su red, decidió devolverme a este mundo. Yo no quería, las sensaciones, los sentimientos, eran realmente indescriptibles, como nada conocido. Inexplicables.

Pero, ora aquí que he regresado, he venido a enseñarles que existe otra vida más allá de nuestra existencia. La Verdad es una, inamovible como una cordillera debajo de este mar, por lo que no habéis de temer, os lo digo.

Hay más, yo... lo he visto.

© Federico G. Rudolph, 2000 - 2016.
Este relato forma parte de la obra: El Rendar.


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