La transmigración de Abdiel

Tras la guerra entre los espíritus caídos y los ángeles del Señor, luego de ser derrocada la Bestia y expulsada al infierno, el cielo retornó a la paz y Yahveh Elohim pudo soplar su aliento para dar vida al universo. La lucha fratricida marcó hondo en los corazones de las huestes celestiales, en la desesperanza de creer que cientos de miles habían perecido para siempre en defensa de la Ley Divina.

Sin embargo, una efímera esencia de estos servidores, muertos en batalla, flotó en la nada durante milenios, ocultos a los ojos del creador y de cualquier otro espíritu. Luego de la expulsión del hombre del paraíso, estos antiguos ángeles o, más bien, lo que quedaba de ellos, rondaron por el mundo en búsqueda de un lugar donde descansar.

Los hombres tomaron contacto casual con los restos de algunos de estos espíritus, creyendo que habían sido golpeados por la verdad de Dios. Al darse cuenta de que eran visibles a tales criaturas y que eran sensibles a ellos, estos espíritus buscaron y hallaron la forma de hospedarse en sus cuerpos. Se dijo, entonces, que hombres y mujeres habían sido poseídos por demonios.

Los sacerdotes de las distintas religiones concibieron como habrían de hacer para expulsarlos. Sin saberlo, los ritos que realizaron aniquilaron todo resto de existencia de estos seres, fragmento de lo que fueran en otros tiempos. Los pocos que no compartieron tal destino común, permanecieron junto al hombre, ya sin pretender tomar lo que no era suyo.

Con el pasar de los siglos, estos antiguos espíritus perdieron aún más su esencia, hasta casi desaparecer. Fue allí que los hombres renegaron de sus religiones, pues habían sido estos antiguos ángeles quienes caminaran en la tierra sosteniendo la fe, y no Dios; ajeno, este último, al destino de su primigenia creación, luego de que fuera expulsada del paraíso.

El hombre se volvió ateo, fue entonces que estos espíritus decidieron recuperar el recuerdo de Dios. En un acto de arrojo voluntario se fusionaron en un solo espíritu, perdiendo cada uno su identidad. El costo de esta decisión fue el surgimiento de un espíritu demasiado cansado, incapaz de llevar a cabo la misión para la cual se había gestado a sí mismo.

Entre todas, una conciencia permaneció separada de este único cuerpo espiritual. Conciencia que pidió ser liberada. Al hacerlo, tomó forma y absorbió los restos de sus antiguos camaradas. Así, Abdiel, el siervo de Dios, resurgió en cuerpo y espíritu de entre los ángeles que habían perecido y guió a la humanidad en su camino hacia la salvación.

Yahveh Elohim se hizo eco y juzgó que era tiempo de darle al hombre una nueva oportunidad.

© Federico G. Rudolph, 2016.
Este relato forma parte de la obra: De Ángeles, desde la Edición 2016.


www.000webhost.com