LA NADA
«En el principio fue La Nada, y ningún ser emanó de ella,
ni pensamiento ni cosa ni espécimen ni espíritu alguno.
Entonces, fue el fin.». FGR

La No Existencia

El noveno estado es el del bodisatva[ El budismo de Nichiren, clasifica los estos estados espirituales en diez posibles: infierno, hambre, animalidad, ira, humanidad, éxtasis, aprendizaje, comprensión, bodisatva o bodhisattva y budeidad. El budismo intenta salir de los estados inferiores y permanecer en los estados superiores Los demás mencionados, aquí, son solo una invención, la compasión por los demás; el décimo, el del Buda, la budeidad, la Iluminación. En la otra punta, el estado de infierno, que puede ser alcanzado por cualquiera. Por debajo del estado de infierno se encuentra, además, el estado del Oscurecimiento que no es, sino el infierno eterno, tal como el estado de Buda es el de la felicidad e Iluminación eternas.

Existe otro estado por debajo del Oscurecimiento, uno del que nadie quiere saber: el de la no existencia, el del cese del karma a través de la extinción del yo.

Algunos han logrado la Iluminación. Por encima de ella, se encuentra la divinidad: la unión de mi karma con el karma de cualquier otro Buda, confundidos en un único karma sin karma y separado en muchos yo individuales con la potencialidad de lo infinito, en lo eterno. Pero, así como existe la divinidad, existe la no existencia, completando los trece estados posibles del ser. Nadie pretende alcanzar la no existencia por el miedo a no ser de manera absoluta y sempiterna.

La mente humana a creado seres que deambulan entre el estado del infierno y el de la ira: súcubos, íncubos, fantasmas, vampiros, zombis, hombres lobo, demonios, monstruos mitológicos y toda clase de no-muertos, de espíritus despojados de cuerpo y de cuerpos despojados de espíritu. Durante el transcurso de infinitas vidas, he pasado por los cuatro estados inferiores: infierno, hambre, animalidad e ira; adoptando diversas formas, nunca humanas, siempre imperecederas. Durante siglos, en repetidas circunstancias, he sido perseguido, acorralado, atrapado y finalmente destruido, repitiendo la rueda.

Mi karma ha retornado a la vida, adoptando formas y estados cada vez más bajos. He decidido salir de este círculo y extinguirme, pues no me espera otra cosa que el infierno eterno, un estado peor que el estado del infierno. Por ello, he de alcanzar la no existencia y acabar para siempre con mi karma, ya que. no me es dado llegar a los estados superiores del ser, ni puedo esperar la eternidad para ello. Así, he decidido que el estado superior que habré de alcanzar es aquel al donde nadie ha llegado aún: el de la no existencia. Tendré que pasar por el Oscurecimiento, por el infierno eterno, antes de poder llegar a la no existencia.

Seré el primero de los primeros. Siquiera, nadie ha llegado al Oscurecimiento; la rueda del karma nos obliga a salir de los estados inferiores y buscar la Iluminación, por lejana que esta parezca. Además, siendo que la eternidad es por siempre, quien alcanzare nunca debería ser capaz de salir de ella, así como, el Buda, tampoco es capaz de alcanzar la divinidad.

Llevo miles de vidas estudiando este fenómeno y la forma de arrancar el karma de mi individualidad.

Finalmente, he encontrado el medio. He aquí que debo construir el arma capaz de causar el más terrible de los sufrimientos: la muerte de todos los seres de la tierra.

De esta forma, sus karmas deberán partir hacia otros mundos, si es que existen, no pudiendo volver, aquí, jamás. Al impedirles la posibilidad de limpiar sus karmas, habré causado el peor de los sufrimientos. Sin embargo, esto no es suficiente, solo hará que mi yo alcance el Oscurecimiento, el estado del infierno eterno.

Por ello, para alcanzar la no existencia, la perfección, y para destruir mi karma, ¡he de destruir, el Universo!

© Federico G. Rudolph, 2011 - 2016.
Este relato forma parte de la obra: De amores y de locos.