TERROR
«Es en la mente donde se gesta el terror.
En una noche de luna, una rama mecida al viento golpeando una ventana
asemeja el rasguño del ser más terrible que nos dignemos imaginar...
Pero, estos seres, ¿existen sólo en nuestra mente o
existen también en la realidad?». FGR

Foresta

—Es difícil explicar lo que ocurrió ese viernes por la noche. Acababa de salir del café, “Arrakis” —sí, como la estrella—, e intenté, en vano, tomar un taxi hasta mi casa pero no había ninguno por allí. Llovía a cántaros, y los teléfonos no funcionaban. Me tuve que ir a pie, y los autos me empaparon. Estaba oscuro, y casi ni podía ver la calle. Al rato, los edificios y las luces comenzaron a desdibujarse, y creo que me desmayé. Lo que sucedió, después, está lleno de huecos e imágenes que usted creerá que son un tanto inverosímiles y que la policía asegura que inventé. Yo no puedo afirmar que no sea cierto. Es lo que recuerdo. Quizás... ¡quizás, lo aluciné todo! ¡No lo sé! ¡Le juro...!

—...No puedo decirle cuánto tiempo estuve inconsciente. Cuando volví en mí, aún era de noche o puede que estuviera por amanecer —no sabría decirle—. Desperté en medio de un bosque. Pero, como usted sabe, no hay ninguno cerca de aquí.

»Una extraña brisa soplaba entre los árboles, y solo se distinguían algunos tonos oscuros —verdes, marrones y azules, tal vez—. No había ni una estrella y, sin embargo, una rara y tenue luz iluminaba la foresta —muy escasamente, claro—. Sentí una presencia —o varias—, debo decir, y algo se abalanzó sobre mí. Un frío de hielo atravesó mi cuerpo de lado a lado, y aquello se alejó de pronto. No sé que era. Me embargó el espanto; quise huir, pero no sentía mis pies. No fue hasta entonces que me di cuenta: creí flotar, pero amarrado al suelo con cadenas. Parecía un sueño.

»Unas grotescas figuras comenzaron a acercarse y a danzar a mí alrededor, cada vez más cerca. Quise apartarlas pero sólo atiné a mover un poco los brazos de manera desordenada. No pude determinar cuántas eran. No sé si cantaban o si reían. No sé si era una especie de rito lo que presencié. Tampoco, si se trataba de un conjuro ininteligible aquello que salía de sus bocas. ¡No recuerdo sus bocas! Nunca alcancé a ver por completo sus rostros ni las formas de aquellas sombrías criaturas —no en detalle, al menos—. Los sonidos que emitían lo ocuparon todo, y entré en una especie de trance. Ya no era dueño de mi cuerpo... ni de mis pensamientos...

—...Nunca he probado droga alguna, le juro, pero creo que me sentía así, como si estuviera drogado. La cabeza me daba vueltas. Comencé a balbucear frases incomprensibles en griego o latín, quizás —o al menos eso sentí—, mezcladas con palabras de algún lenguaje vulgar e igualmente antiguo —sajón, tal vez—. No sé mucho sobre idioma; nada más, me guío por lo que he visto en las películas.

»Un extraño sopor me invadió por el transcurso de una hora o más. Sin duda, algo macabro estaba sucediendo, y yo había sido elegido para ser parte de ello.

»Entre la muchedumbre de aquellos satánicos engendros, un oscuro personaje se destacaba del resto; de su cabeza asomaban ramas. Me recordó a un macho cabrío de esos dibujados en los libros de magia negra. En algún momento, dijo una frase y todos callaron al unísono. Me volví a desvanecer...

—...Como souvenir, me ha quedado esta marca en mi brazo. ¿La ve, verdad? ¿Y usted? Mire, este pentágono con esas inscripciones zodiacales —o eso, me parecen—. Así es... ¡He sido marcado por el mismo Diablo! No son patrañas lo que les digo. ¡Ustedes, no estuvieron allí! No estoy loco; tampoco recuerdo haber asesinado a nadie, e ignoro por qué mis ropas y mis manos estaban manchadas de sangre cuando desperté. Es todo lo que tengo para contarles. Solo quiero volver a mi casa. ¡Doctor, yo no pertenezco aquí! ¡Le suplico! ¡Déjeme ir! ¡Déjeme ir!...

—¡Increíble! Un típico caso donde la mente se ha vuelto completamente desquiciada; el paciente es incapaz de distinguir la fantasía de la realidad. Le faltó mencionar a las hadas y a los duendes para completar el cuadro. ¿Usted que cree?

—¡Salvaje! ¡No entiendo como una persona puede terminar así! Respecto de su esposa, dicen que su cuerpo estaba regado por el patio de su casa y que había sangre por todas partes.

—Es lo que digo, ¡loco! ¡Completamente loco!

—Es verdad... y, aún así...

—¡Cierto! Lo de este pobre infeliz no es, sino una verdadera tragedia[ Tragedia: del griego. Literalmente, «canto del macho cabrío». Una obra dramática donde los protagonistas se ven enfrentados de manera misteriosa, inexpugnable e inevitable contra el destino o los dioses; moviéndose casi siempre hacia un desenlace fatal (por lo general, la muerte o destrucción física, moral y económica del personaje principal). Contenía un profundo sentido religioso. Nació como representación del sacrificio de Dionisios y formaba parte del culto público...

—¡No, no, no! Me refiero a un caso muy similar ocurrido veinte años atrás. El hombre se suicidó.

—Por eso le digo. Tragedia, una verdadera tragedia... Los sacrificios rituales, ya no son lo de antes. Demasiados prejuicios hacen más vulnerables a nuestras victimas. Deberíamos utilizar niños, como en el pasado. A propósito, ¿a qué hora es el partido de fútbol?

—Como a las 22:30hs.

—¿En el bar de siempre?

—¡Por supuesto! En «Arrakis»... como siempre.

© Federico G. Rudolph, 2010 - 2016.
Este relato forma parte de la obra: De amores y de locos.