El Rendar

Yo, Ne u esq Usavel El Rendar, hijo de Ka u esq Genda-el El Sa, hijo de Ronu u esq Lam'el El Ka're, guardián de nuestra Drend-u, descendiente de los El Rendar, el último de ellos, vengo hoy en el día de Drend-el esza en el nombre de nuestros ancestros a contarles, palabra por palabra, lo que fue, lo que es y lo que será, para que lo transmitan a sus hijos y a los hijos de sus hijos. He aquí, este, mi único legado: las circunstancias de nuestro tiempo. Vivan ustedes en paz junto a ej-mel musw, y que nuestras almas sean una...

...Sobre el final de la última de nuestras batallas, mientras mis hermanos les cerraban el paso a ej-mel musw je al zabikr zaem yu, el sol señalaba mi camino. Bajo su guía y portando nuestra rendza atravesé las arenas del ej-mel. Los cinco elegidos de ej-mel musw je al zabikr zaem yu y otros más de ellos siguieron mis pasos. Al iniciar la contienda dos lunas atrás, su El Ka're los había contado a viva voz (como era costumbre), para que supiéramos con cuántos habríamos de enfrentarnos. Habían sido muchos, pero solo un puñado de ellos había sobrevivido. Yo iba solo y los aventajaba en la carrera. Tendrían que recorrer la mitad de la distancia que nos separaba de ke-el para que pudieran, siquiera, pisar las huellas de mis pies.

Tras días de lucha, fui el único de los El Rendar que logró salvar la horda de muswi je. Mis hermanos habían cumplido con su aguardado destino, muy distinto al mío, sin temor y con orgullo. Así había sido escrito.

A pesar de nuestras diferencias, éramos incapaces de despreciar a ej-mel musw. En tiempos antiguos, había sido establecido que deberíamos de enfrentarnos con ellos. Su estrella era tan honorable como la nuestra y los aceptábamos como a nuestros iguales. Servíamos a Drend-u de la misma manera, aunque ellos, aún, no lo supieran.

Corrí y corrí. Al concluir aquella jornada, yo, Hasu-Wu nes El Rendar, llegué a las puertas de ke-el donde el uqq no sería más el objeto de nuestras luchas. Ellos, ej-mel musw, aún no conocían a Drend-u, pero les sería revelado. Necesario fue que cumpliéramos con nuestro destino. Entonces, podríamos vivir en paz. Drend-u estaba con nosotros y nos acompañó.

Aquel día, atravesé a toda marcha y sin descanso el camino que partía en dos el interminable ej-mel desde Drend-el esza hasta las puertas de ke-el. La carrera no me había pesado en lo más mínimo, mas al llegar y al ver la gigantesca estructura mi corazón se agitó y mi piel se estremeció de frío. Ante mis ojos se alzaba la maravilla de la que todos hablaban, la cual muy pocos habían podido contemplar. Su extensión confundió mis sentidos. A lo alto vislumbré las cuatro lunas y el sol rojo y no temí.

Había llegado la hora. Ante las puertas de ke-el realicé la sagrada ceremonia e introduje la rendza en una pequeña abertura en el muro, marcada por un símbolo idéntico al que figuraba en el costado de aquella, y la giré todo lo que pude, sin prisa. Las inmensas puertas, más altas que cualquiera de nuestros muj-habi, se abrieron de par en par. El ruido sonó a viejo, a remoto, a lejano. El muro, que durante incontable tiempo se encargó de proteger el futuro que nos tocaba a todos, se estremeció, estremeciendo mi ser. Tembló la tierra que pisaban mis pies, y pude entrever las maravillas y buenas nuevas que nos aguardaban en el interior de aquel recinto inmenso, apenas iluminado. El aire que emanaba de allí se sentía cálido. Tenía tiempo, así que me dediqué a observar y a aprender todo de cuanto allí había.

Los muswi je no llegarían, sino en dos tercios de luna. Mi deber era esperar a los cinco portadores. Una vez allí, ellos emplearían sus rendzai para abrir las segundas puertas. Detrás de ellas, Drend-u, El Primero de Todos. Nuestros destinos se unirían muy pronto, y yo no tendría necesidad de batirme con ellos.

Finalmente, los muswi je me alcanzaron y pudieron contemplar la inmensidad de ke-el, sus muros y sus puertas. Se apostaron junto a mí y, al igual que la visión de aquella gigantesca muralla de tierra había abierto mis ojos, así, se abrieron sus mentes y comprendieron que sus rendzai habían formado parte de ese lugar desde siempre. Esculpidos en la roca, junto a la segunda entrada, idénticos símbolos que los tatuados en sus frentes. Instintivamente, cada uno ubicó su propia rendza en el sitio destinado a tal fin.

Esta vez, el sonido hueco y retumbante fue acompañado de una luz mucho más clara que la de nuestro sol, encegueciéndonos, por un momento, a los seis. Así, fuimos testigos de nuestro propio destino. Allí estaba, Drend-u, como esperándonos desde siempre. Pero eso no era todo, nos faltaba encontrar la fuente de uqq. Drend-u estaba cerca. Y así fue que la hallamos y que establecimos contacto con ella. Nuestra krza-la y la de ej-mel musw habían sido salvadas, tal como nos fue contado que sería.

La fuente de uqq, construida por manos antiquísimas, le daría al ej-mel con, éste, nuestro último acto, nuevo color y belleza. Habíamos efectuado, para ello, todas las pruebas y sacrificios necesarios, tal como fue ordenado en el principio. Entonces, ese día, el muro de ke-el se volvió tierra, los cielos se abrieron sobre nuestras cabezas, y Drend-u se elevó en el aire hasta perderse de vista...

...Conservamos de allí dos nuevas palabras, legadas a nosotros por la imagen de Drend-u, las que transmitiremos, de generación en generación, hasta alcanzar nuestro nuevo destino. En ese momento no pudimos entenderlas, porque no fueron pronunciadas ni en nuestra lengua ni en la de musw je, pero las hemos guardado para ustedes. La primera: «Mensaje para Heauston de Cerebro Central del Apolo LX. Objetivo final: iniciar el proceso de terraformación interrumpido en 20/09/2066. Posible causa: falla del módulo principal Sistema Operativo NO5. Hora: 17:15:00. Se esperan condiciones climáticas más adecuadas. Como medida de seguridad, no se procederá al inicio del sistema hasta que no se ingresen los seis componentes de la clave primaria. Como medida complementaria se distribuye la misma entre los operadores del sistema. Sobrevivientes: 1065. Probabilidad de permanencia en el planeta: 2146 años. Próximo inicio óptimo del sistema programado para: 31/03/5066 a las 19:45:05. Informar a los operadores de los pasos correctos para su inicialización. Próximo envío de mensaje:31/03/5066 a las 19:45:55. Tiempo de terraformación: 30.000 años. Próxima misión a Alfa Scorpio G45: 20 años a partir del proceso de terraformación.».

Y la segunda de ellas: «Reiniciando sistemas. Tiempo: 31/03/5066 a las 19:45:05. Sistemas en orden. Condiciones climáticas adecuadas para el proceso. Se inicia el proceso de terraformación. Mensaje enviado: 31/03/5066 a las 19:45:55. Transacción completada.».

Por ello, es necesario, tal como nos fue señalado, que no se rompa la fuente de uqq, de agua y de vida, que todo lo sostiene. Ésta es Drend-u, nuestra verdad y nuestra ciencia: Yo, Ne u esq Usavel-el El Rendar, llamado en otro tiempo Hasu-Wu nes u kabi esq Ne-Wu El Rendar, quien descubrió junto a sus hermanos muswi je todo esto, les expreso a ustedes y les digo que así fue, que así es y que así será.

Drend-u está y estará siempre con nosotros y con nuestros hermanos ej-mel musw je al zabikr zaem yu y toda su krza-la, con su raza, con nuestra raza y con todas las razas. Hace muchos soles ya, que alcanzamos el conocimiento para descifrar y entender la lengua madre de todas las lenguas. Ahora, sabemos que llegará el día en el que vendrán nuestros hermanos de allí de las estrellas a contemplar la belleza de nuestra querida Drend-el esza y que compartirán con nosotros sus hazañas, las cuales serán, seguramente, tan gloriosas como las nuestras. Compartirán también, con nosotros, su saber, sus esperanzas y sus sueños, y con ellos vendrán nuestros ancestros y nos sonreirán, porque hemos completado sus preceptos y transmitido a ustedes, este, nuestro nuevo destino.

Que vivamos en paz junto a ej-mel musw, y que nuestras almas sean una.

© Federico G. Rudolph, 1999 - 2016.
Esta narración forma parte de la obra: El Rendar,
y es la que le da el título a la misma.


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