Ángel con nombre de mujer

Me enamoré de ti en el instante exacto en que, al brillar con tu luz, ocupaste todo el espacio de mi ser. Te creí Dios. Obnubilado quedé ante tu presencia. Te amé hasta resplandecer y llegué a ser tan radiante como tú. Entonces, pude ver tu hermoso rostro, tu esfinge de mujer, tus rizados y largos cabellos, tus alas desplegadas al sol. Tu espada vengadora cercenó de lleno mi cabeza.

—No se puede amar a un ángel —me dijiste. Por tus mejillas, ríos de plata lloraban por mí—. Es un pecado en el que has caído más de una vez. Tu vida ya me fue dada en otro tiempo. ¿Por qué lo hiciste, aún, al saber que te esperaba la muerte?.

Con mi último aliento, respondí a tu pregunta:

—Es mi destino —te contesté—. Estaba escrito en el cielo, en el infierno y, aquí, en la tierra. Y, aún así, te amaría otra vez...

© Federico G. Rudolph, 2007 - 2016.
Este relato forma parte de la obra: De Ángeles.