Donde aúllan los vientos: Presentación del libro

Por: Alejandro Martínez (Escritor)

Haber leído esta breve obra me trajo a la memoria personajes con los que crecí en mi infancia, con los que generacionalmente me he sentido identificado, y con situaciones que observé en televisión. Pertenecemos —junto al autor— a esa generación que creció con “La guerra de las galaxias”, “X-Men”, “Cuentos de la cripta”, “Pesadilla”, que hizo suyo el mensaje de la ecología, de la conciencia ambiental y donde sólo basta con leer en detalle el cuento intitulado “La Bestia” para dar cuenta de ello. Como escritores, hemos asumido un compromiso que se cuela entre poesías y cuentos. Federico asumió también la tarea de lograr, en el lector, un estado de reflexión, de posicionamiento existencial ante una realidad, ante —como dice su epilogo— “la inevitabilidad de lo evitable”.

Breve reseña del libro e impresiones personales

Todo por un café que no quería

Desde la fluidez del lenguaje se toca una temática compleja de la mente, una situación disparatada creada entre pensamientos (como sucede cuando fantaseamos con alguna reacción ante un acontecimiento).

Donde aúllan los vientos (Cuento)

Una pesadilla, una tremenda pesadilla donde el personaje logra un consuelo vano para descubrir que ese ser amado es un cadáver.

Los nuevos monstruos

Una genialidad, convertida —desde mi punto de vista— en un pedido de justicia frente a los miedos creados por nuestra mente, plasmados en la tinta con un monstruo justiciero e inconcluso... ¿Qué sucederá?

De tragedia, de amor y destino

Aquí, cambia la temática hacia lo que podría ser la cruda realidad dentro de las relaciones familiares.

El Abismo

Una bella mujer envuelve al protagonista en el peor de los infiernos. ¡Las cosas que hacemos por una mujer!: seríamos capaces hasta de liberar al “mesmo mandinga”, como diría un amigo mío.

El Grito

Una extraña entidad que recorre las calles, atacando a sus desprevenidas víctimas, hasta que se encuentra con un héroe anónimo.

Por qué los vampiros no pueden existir

La ironía se hace presente en un cazador de vampiros muy singular, darse cuenta de su enfermedad lo redefinió.

Agujero negro

Ciencia ficción, invasión extraterrestre —me recordó a la serie, y también a “Día de la independencia”—, ¿una posibilidad, no?

Sold848

Y me voy a detener aquí —en “Sold848”—, porque lo considero —desde mi visión— uno de los más destacados de la obra, por su complejidad y porque abarca la temática de la ciencia ficción mixturada con la bioética, donde en un futuro lejano (por suerte) se seleccionan las funciones sociales a través del acervo genético en una visión que guarda mucho del darwinismo social y donde, por un desorden de las computadoras, la selección falla dando lugar a la primacía de los genes de Sold848, lográndose así la conquista del poder a través de la revolución. Diríamos que el hominis lupus es lo que mantuvo al humano en la cúspide de todas las razas planetarias.

La Bestia

Más que un cuento, un mensaje sobre la naturaleza humana. Como dice en el epílogo, el escritor: “veo incendios creados por el hombre, consumiendo sierras enteras, llevándose al bosque nativo con él, es la inevitabilidad de lo evitable”, y recordé los incendios acaecidos en mi provincia en los meses secos de octubre y noviembre (lamentables pérdidas).

Haiku

Haber pasado adrede el cuento “Haiku” no fue algo que obedezca al olvido, sino todo lo contrario, porque me pareció la pieza más bella de la obra, y con esto voy a cerrar mis impresiones sobre el libro. Dentro de las ideas planteadas, y de los postulados generacionales, este bellísimo cuento me trajo a la memoria la historia del samurái poeta “Matsuo Basho”, uno de los poetas mayores que tuvo Japón, el cual creció y vivió una etapa de su vida como guerrero. Basho perfecciono el Haiku y, al morir su señor, viajo por todo Japón escribiendo poesías. Cambió su oficio guerrero por el de poeta, siguiendo y escribiendo a la naturaleza, al presente. Cuenta la anécdota que cierto día paseaba Basho y su discípulo Kikaku por el campo, mirando las libélulas que revoloteaban por el aire, en ese momento el discípulo compuso un Haiku:

¡Libélulas rojas!

Quítale las alas

y serán vainas de pimienta.

A lo que el maestro, con severidad y recordando que ya no era un samurái, dijo:

—¡No, de ese modo, has matado a las libélulas! Di más bien:

¡Vainas de pimenta!

Añádele alas

y serán libélulas”

Ejemplar lección, vivificando la naturaleza, sin destruirla, con una vocación poética que ponía en evidencia un cambio de su rol, de samurái-poeta, a poeta-samurái, como podría haber sucedido con el samurái que encarna al personaje del cuento llamado Haiku, aquel maestro que mostró al discípulo como ser guerrero a través de la palabra. El triunfo final sobre las armas, y como dice mi amiga y escritora Susana Quiroga: “Haiku, es el triunfo de la poesía”.

Para el final

Encontré repetidamente, en esta obra, un mensaje que se torna en un imperativo de cambio y que se explica en este fragmento del epilogo: “¿Quiénes somos?, ¿quiénes hemos sido?, ¿quiénes vamos a ser? Nada más que aquello que les hacemos a los demás. A veces acertamos en hacer el bien, otras somos los creadores de nuestros propios infiernos”. A lo que yo agregaría: “Debemos trastocar roles, convertirnos en poetas-samuráis y, como en Haiku, mantener el mensaje de la palabra, para convertir realidades, crudas y dolorosas, en flores, en libélulas...”.

Alejandro Martínez,
San Salvador de Jujuy (Argentina), 28 de Marzo del 2014.
Extracto nota para Diaro Pregón.